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Memorias de un amigo y colega

Tu partida, querido amigo José Luis, nos deja un vacío grande, muy difícil de llenar. Hoy los gacetos, también nos sumamos a ese homenaje, haciendo eco de lo que tu tanto disfrutabas hacer: escribir.  

Con estas líneas queremos reconocer al ser humano cálido y amable que siempre fuiste; al comunicador que compartía sus conocimientos con generosidad y sin recelo, al periodista ágil y perspicaz, al académico que disfrutaba enseñar, acompañar y generar oportunidades para los estudiantes; pero, sobre todo, al amigo que muchos encontramos en ti. Al editor de Gaceta UdeG y al coordinador de esta Red, que nos motivó siempre a trabajar en proyectos colaborativos y nos inspiró día a día, encuentro a encuentro. 

Aquí te escribimos amistades y colegas: Aleyda, Pepe, Mario, Rodrigo, Antonio, Barbara, Arnoldo y Rocío. A manera de carta de agradecimiento o despedida, una nota informativa, una memoria o una crónica de los encuentros que tuvimos contigo.

José Luis Ulloa, impulsor incansable de la Red Nacional de Gacetas Universitarias 

Recordando a José Luis Ulloa Luna, coordinador de la Gaceta de la Universidad de Guadalajara, el 25 de junio del año 2015 acudió al llamado de la Gaceta Nicolaita de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) para analizar la situación del periodismo universitario en las universidades públicas del país; el papel de las gacetas dentro de sus universidades; y cómo afrontaban las casas de estudios el reto de pasar de ser gacetas impresas a gacetas digitales. 

En ese Primer Encuentro de Gacetas Universitarias nació la idea de crear la Red Nacional de Gacetas Universitarias, y el maestro José Luis Ulloa no solamente fue uno de los promotores incansables de esa idea, sino que trabajó después por la consolidación de dicha Red y todavía más, con el entusiasmo de las gacetas y gaceteros que acudían a los encuentros, crearon un libro y fundaron la Gaceta Nacional Universitaria.   

José Luis Ulloa supo valorar ese esfuerzo de organizar el Primer Encuentro Nacional de Gacetas Universitarias realizado en Morelia, en el Centro de Información Arte y Cultura de la UMSNH, y por tanto lo acompañaron Marco Tulio Flores, coordinador de Prensa de la UdeG y Wendy Aceves, coeditora Web de la Gaceta de la Universidad de Guadalajara. Es decir, Ulloa supo valorar que en estos encuentros universitarios las personas que trabajan en las gacetas pueden capacitarse y actualizarse. Por ello, invitó a sus compañeros de áreas afines al primero y a todos los demás Encuentros realizados en diversas universidades del país. 

Antes del primer encuentro, la Universidad Michoacana contactó con los dirigentes de las gacetas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Guadalajara y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para que juntas las cuatro instituciones convocaran al Primer Encuentro Nacional de Gacetas Universitarias. 

Desde entonces José Luis Ulloa fue un promotor entusiasta e incansable por la unión de las universidades a través de sus gacetas, que son los órganos informativos de las instituciones de educación superior; de la capacitación de los gaceteros en todas sus áreas; de actualizarse en las nuevas tecnologías, manejar mejor las redes sociales, utilizar adecuadamente la Inteligencia Artificial en los procesos periodísticos. 

José Luis Ulloa siempre visualizó un periodismo universitario de calidad, actualizado, caminando juntos a través de la Red Nacional de Gacetas. 

Antonio Robles Soto 

Enlace ante la Red Nacional de Gacetas 

Gaceta Nicolaita -UMSNH

Y tú, ¿cómo estás?

La última vez que hablé con José Luis fue en septiembre de 2025 a propósito de una invitación para que participara en un panel por el 30 aniversario de la Gaceta de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). 

Como suele suceder en las invitaciones interinstitucionales, hay que hacer gestiones, pedir apoyos, permisos, organizar agendas y actividades para asistir, siempre y cuando sea posible, a veces coincidimos y otras veces no. 

José Luis me dijo que sí de inmediato, conversamos sobre la logística de su participación virtual, horarios, detalles… y justo antes de despedirme apresuradamente (porque claro, uno siempre anda a las carreras cuando de organizar cosas se trata), me detuvo en seco con una pregunta: y tú, ¿cómo estás? 

Es verdad que la pregunta va al inicio casi como cortesía o carta de presentación, se ha desgastado su uso y queda como un formalismo vacío e inútil, porque en realidad pocas veces nos interesamos por saber (en serio) cómo está la otra persona. Se entiende cuando se trata de un desconocido, de alguien con quien no tenemos trato asiduo tal vez, pero de los amigos, de los compañeros, ahí no cabe excusa o explicación. 

Y esa pregunta me frenó y me detuve a responder como Dios manda, o al menos lo sugiere. 

Hablamos unos minutos. Él me contó de un proyecto para que estudiantes hicieran el servicio social en la Gaceta de la UdeG y de que estaba bien. Qué difícil es escribir en pasado cuando uno tiene el recuerdo presente. 

A José Luis lo conocí en los encuentros de la Red Nacional de Gacetas y siempre fue un referente sobre cómo hacer bien las cosas. Sin duda, deja un gran hueco en el periodismo universitario y en los corazones de quienes lo tratamos. 

Su persona me deja mucho que aprender en el ámbito profesional y en el personal, ese detalle de preguntar al otro cómo estás, me queda como tarea pendiente para ponerlo en práctica (en serio) con las personas que coincidimos en los años y en los lugares de este camino universitario. Hasta siempre José Luis. 

Barbara Hernández 

Coordinadora de Información 

Universidad Autónoma del Estado de Morelos 

Cuernavaca, junio 2026.

 

Estimado José Luis: 

Todavía me cuesta creer que ya no estás aquí. Tu partida me tomó por sorpresa y me dejó una tristeza difícil de explicar. Quizá porque, aunque nos veíamos apenas una vez al año, tu presencia era una de esas que dejan huella. Hay personas con las que se convive todos los días y pasan desapercibidas, y hay otras que, con unos cuantos encuentros, logran quedarse para siempre en la memoria. Tú perteneces a ese segundo grupo. 

Te conocí en enero de 2016, en San Luis Potosí, durante el Segundo Encuentro Nacional de Gacetas Universitarias. Recuerdo que desde el primer momento me hiciste sentir en confianza. Yo, tan introvertida y reservada, encontré en ti a una persona amable, educada y cercana. Siempre dispuesto a conversar, siempre respetuoso, con esa sonrisa que aparecía a veces y que hacía más agradable cualquier encuentro. 

Con los años pude conocerte un poco más. Vi en ti a un profesional dedicado, eficiente y comprometido con su trabajo. Además de tus responsabilidades en la Universidad de Guadalajara, asumiste la coordinación de la Red Nacional de Gacetas Universitarias y brindaste apoyo a quienes participábamos en ella desde distintas instituciones del país. Lo hiciste con responsabilidad, generosidad y respeto. Siempre admiré la seriedad con la que desempeñaste esa labor y el cariño que mostrabas por este proyecto que nos reúne año con año. 

También guardo recuerdos sencillos, pero profundamente significativos. Nunca olvidaré cuando la Universidad de Sonora (Unison) fue anfitriona del Séptimo Encuentro Nacional de Gacetas Universitarias y me trajiste las famosas galletas Nenas de la Pastelería Marisa. Fue un detalle inesperado que agradecí enormemente. Puede parecer algo pequeño, pero esos gestos hablan del tipo de persona que eras: atento, considerado y capaz de alegrar el día de alguien sin esperar nada a cambio. 

La última vez que te vi fue en Colima y me parece muy significativo que, al año siguiente, cuando el encuentro volvió a realizarse en la capital potosina, la misma ciudad donde nos conocimos, tú ya no estuvieras. Fue entonces cuando sentí tu ausencia de una manera especial.  

Te extrañé, porque siempre había un momento para conversar, intercambiar experiencias o simplemente compartir un rato agradable. Al no verte ahí, comprendí cuánto formabas parte de esos encuentros. Tu ausencia se sintió y ahora entiendo que ya comenzaba a dejar un vacío. 

¿Sabes algo, Pepe? En julio tengo programado un viaje a Guadalajara. Y Dios sabe que tenía toda la intención de buscarte, saludarte y pedirte que me mostraras las instalaciones de La Gaceta UdeG. Pensar que ese encuentro ya no será posible me duele. 

Aunque ya no podamos coincidir en otro encuentro de gacetas, seguirás presente en mis recuerdos. Te quedarás en mis contactos del celular, mi estimado Pepe UDG, y sobre todo en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de conocerte. 

Hoy te escribo hasta el plano donde te encuentras ahora para darte las gracias. Gracias por tu amistad, por tu apoyo, por tu ejemplo y por esos pequeños gestos que se volvieron grandes recuerdos. 

Hasta siempre, José Luis. 

Aleyda Gutiérrez Guerrero 

Editora de la Gaceta Unison

Gaceto y profesionista que inspira  

Conocí a José Luis Ulloa en diciembre de 2017, durante el Quinto Encuentro de la Red Nacional de Gacetas Universitarias. En aquel momento asistía únicamente como parte del equipo de la publicación de la Universidad Autónoma de Querétaro, sin imaginar que ese encuentro marcaría buena parte de mi trayectoria profesional. 

Desde entonces fui testigo de su trabajo, de su pasión por la comunicación y de su profunda convicción sobre el valor de los órganos de difusión institucional. Junto con Rodrigo Pardo y Rocío Basurto, José Luis impulsaba una visión que me resultaba inspiradora, el interés genuino por el trabajo universitario, la memoria histórica y la certeza de que las gacetas son mucho más que publicaciones periódicas; son auténticos laboratorios de periodismo, espacios donde se construye y preserva la identidad de nuestras universidades. 

Su ejemplo fue una de las motivaciones que, meses después, me llevaron a asumir la coordinación de la Gaceta UAQ, responsabilidad que hasta hoy desempeño con orgullo. Vinieron más ciudades, más encuentros y más conversaciones; compartimos reflexiones sobre los desafíos de la era digital, la transformación de los medios universitarios, la desaparición paulatina de los impresos, los debates propios de nuestro oficio y también las preocupaciones personales que acompañan el trabajo institucional. 

Recuerdo especialmente una llamada para invitarme a formar parte de su equipo en la Red Nacional, como director de Comunicación y Enlace Interinstitucional. Me sentí profundamente halagado, pero también consciente del reto que representaba compartir esa responsabilidad con personas a quienes admiraba tanto. 

Volvimos a coincidir en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Como siempre, las anécdotas, las ideas y las experiencias no faltaron. Guardo con especial cariño una tarde sencilla comiendo hot dogs por la ciudad, mientras me ofrecía consejos que, con el tiempo, entendí que provenían no solo de un colega experimentado, sino de una persona generosa y comprometida con quienes lo rodeaban. 

En los años siguientes, diversas cuestiones me impidieron asistir a más encuentros de la Red Nacional de Gacetas Universitarias; sin embargo, José Luis siempre encontraba la manera de mantenerse cercano. Estaban las llamadas, los mensajes, las reuniones virtuales. Siempre preguntando con interés genuino cómo iban las cosas, siempre proponiendo temas, compartiendo ideas, sumando esfuerzos. Eres de esas personas que entienden que las redes se construyen a partir de los vínculos personales y no únicamente de los proyectos. 

Al enterarme de su partida, sentí una profunda tristeza por alguien a quien admiraba sinceramente. Recordé que no hacía mucho habíamos intercambiado algunos mensajes. Fui a buscar nuestra conversación en WhatsApp y encontré la postergación de un café que habíamos prometido compartir para ponernos al día y contarnos en qué andábamos. Por desgracia, ese momento ya no podrá llegar. 

Y duele. Duele porque en este camino uno siempre da por hecho que habrá otra oportunidad para reencontrarse, para conversar, para agradecer. Que habrá un siguiente encuentro, una próxima llamada, una nueva coincidencia en alguna ciudad. José Luis vivía precisamente de eso, de compartir, de conectar, de construir comunidad desde la profesión y desde la vocación. 

Me quedé con las ganas de decirle personalmente cuánto admiraba su entusiasmo inagotable, su capacidad de iniciativa y su permanente disposición. Virtudes que engrandecen cualquier oficio, pero que en él parecían surgir con absoluta naturalidad. 

Lamento profundamente no haber tenido más tiempo para compartir. Hoy, quiero dejar constancia de la huella que dejó en tantas personas y publicaciones universitarias del país. José Luis no solo fue un referente para su querida Universidad de Guadalajara; fue un auténtico gacetero, un promotor incansable de la comunicación y un generoso constructor de puentes entre colegas y amigos. 

Gracias por las conversaciones, por los consejos, por la confianza y por el ejemplo. Tu legado permanecerá en las páginas que ayudaste a escribir, pero sobre todo en quienes tuvimos la fortuna de coincidir contigo en el camino. 

Mario Durán Alcalá 

Coordinador de Gaceta Universitaria 

Universidad Autónoma de Querétaro

José Luis, gracias  

Las redacciones tienen sus propios rituales. Quienes hemos vivido en ellas sabemos que están hechas de tazas de café que se enfrían sobre los escritorios; de teclados que suenan como lluvia en los minutos previos a un cierre; de fotografías abiertas en una pantalla esperando el encuadre definitivo; de infografías que intentan ordenar el caos del mundo; de audios escuchados una y otra vez para rescatar una frase precisa; de reporteros persiguiendo una historia; de correctores peleando, con una paciencia infinita, por salvar una coma, un nombre propio o una fecha antes de que la edición salga a la luz. 

Las redacciones universitarias tienen algo más: están hechas de esperanza. 

En ellas conviven estudiantes que escriben su primera nota con periodistas que llevan décadas corrigiendo pruebas; jóvenes que aprenden a sostener una cámara mientras otros enseñan a formular la pregunta adecuada; quienes editan videos, producen podcasts o diseñan contenidos digitales junto a quienes todavía recuerdan el olor de la tinta fresca sobre el papel recién impreso. 

José Luis entendía profundamente esa geografía y dinámica humana. 

Le conocí hace años, durante una reunión de la Red de Comunicación de la ANUIES en Colima. Aún puedo evocarlo como si hojeara una vieja edición guardada en el archivo: atento, cordial, con esa sonrisa serena que parecía decirnos que siempre había espacio para escucharnos. 

Cuando surgió la posibilidad de que estudiantes destacados de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima se incorporaran al equipo de cobertura informativa del Encuentro Internacional de Periodistas efectuado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, José Luis hizo lo que hacen los buenos editores: abrió la página para que nuevas voces pudieran escribir en ella. 

Pudo haber cerrado la puerta; pudo haber dicho que no, pero eligió corregir el rumbo de la costumbre y optar por la generosidad. Así era él. 

Recibió a nuestros estudiantes con la convicción de quien sabe que el periodismo no se hereda: se comparte. Buscó cómo apoyarlos, cómo facilitarles el alojamiento, cómo garantizarles un plato de comida después de las jornadas. Comprendía que detrás de cada joven reportero o reportera había un sueño enorme y recursos casi siempre limitados. 

Y esa quizá fue una de sus mayores virtudes: reconocer talento antes de que aparecieran los reconocimientos. 

Desde entonces nos encontramos muchas veces. En reuniones, encuentros de la Red de Gacetas Universitarias. Siempre fue el mismo José Luis: amable sin estridencias, profesional sin solemnidad. 

José Luis sabía que las gacetas universitarias no eran simples boletines ni colecciones de buenas noticias. Eran, y son, archivos de la memoria afectiva de nuestras instituciones. El lugar donde las universidades se reconocen a sí mismas y dialogan con la sociedad. 

Hoy cuesta aceptar que José Luis ya no estará en la próxima reunión de nuestra querida Red. Que no volveremos a verlo caminar entre acreditaciones colgadas al cuello, programas doblados bajo el brazo y teléfonos sonando al mismo tiempo. 

Que no escucharemos esa observación precisa hecha con respeto ni esa risa capaz de rebajar la tensión de cualquier cierre imposible. 

Hay ausencias que se sienten como páginas arrancadas. Y la de José Luis es una de ellas. 

Sin embargo, quienes tuvimos la fortuna de trabajar a su lado sabemos que su nombre continúa escrito en muchos sitios. Está en cada estudiante de la Universidad de Guadalajara que descubrió su vocación gracias a una oportunidad que él ayudó a construir. En cada reportero que aprendió a verificar un dato antes de publicarlo. En cada editor que comprendió que corregir es un acto de cuidado. En cada fotógrafo que me esperó unos segundos más para encontrar la luz adecuada. En cada diseñador que convirtió cifras complejas en infografías comprensibles. En cada productor que editó un podcast pensando en la claridad antes que en la prisa. En cada gaceta universitaria, nuestra, que se niega a desaparecer porque entiende que narrar la vida académica es también defender el valor de la educación pública. 

Pienso ahora que las personas como José Luis se parecen a esos editores invisibles que rara vez firman la nota principal, pero sin cuya presencia ninguna edición logra llegar a buen puerto. No buscan protagonismo. Buscan sentido. Alinean párrafos, ordenan ideas, rescatan errores, acompañan procesos y ayudan a que otros brillen. Tal vez por eso su partida duele tanto. 

José Luis ha ido uno de esos hombres que conocían el oficio desde adentro: el ruido de la redacción, la ansiedad del cierre, la satisfacción de una edición terminada y la alegría inmensa de ver crecer a quienes vienen detrás. 

Hasta donde alcancen las palabras y la memoria, gracias, querido José Luis.  

Gracias por enseñarnos que una corrección puede ser una forma de afecto. 

Que abrir espacio a los jóvenes también es hacer periodismo. 

Que las universidades merecen ser contadas con rigor y con belleza. 

Y que, aun cuando cambien los formatos, las plataformas o las tecnologías, siempre habrá alguien dispuesto a perseguir una buena historia para recordarnos quiénes somos. 

Hoy tu silla parece vacía en nuestra próxima reunión de la Red. Tu computadora está en silencio. Pero el cierre continúa. 

Y quienes aprendimos algo de ti seguiremos escribiendo, editando, fotografiando, grabando, diseñando y contando la vida de nuestras universidades con la esperanza de honrar tu legado. 

Porque hay periodistas que firman textos. 

Y hay otros, como tú, que terminan escribiendo personas. 

Descansa en paz, querido José Luis. 

José Ferruzca 

Director de El Comentario  

Universidad de Colima

José Luis y el Encuentro Internacional de Periodistas  

Hay personas que terminan por confundirse con los proyectos que impulsan. Para mí, hablar del Encuentro Internacional de Periodistas (EIP) es hablar también de José Luis Ulloa. 

Desde que era estudiante, el EIP fue mi actividad favorita en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Año con año esperaba esas jornadas para escuchar a periodistas que admiraba, descubrir nuevas voces y, sobre todo, encontrarme con colegas y amigos que comparten esta pasión por contar el mundo. En buena medida, esa experiencia era posible gracias al trabajo, la visión y la calidez de José Luis. 

A través del Encuentro conocí a muchas de las personas que han marcado mi formación profesional y académica. Por eso, cuando en los últimos años tuve la oportunidad de participar como tallerista y moderador, sentí que cerraba un ciclo y comenzaba otro. En cada ocasión encontré de parte de José Luis una atención impecable, generosa y profundamente humana. Siempre atento a los detalles, siempre dispuesto a ayudar, siempre haciendo sentir bienvenidos a quienes llegábamos al Encuentro. 

La última vez que conversamos hablamos de periodismo, como casi siempre. Hablamos de Leila Guerriero, de la posibilidad de volver a invitarla al EIP, y también de proyectos académicos compartidos, de publicar juntos algunos trabajos relacionados con la Red Nacional de Gacetas Universitarias, un espacio al que él le tenía un cariño especial.  

Hoy me queda la tristeza de saber que esas conversaciones ya no podrán continuar, pero también la gratitud de haber coincidido con alguien que entendía el periodismo no sólo como un oficio, sino como una forma de construir comunidad. 

Gracias, José Luis, por tantos encuentros, por tantas conversaciones y por hacer del Encuentro Internacional de Periodistas un hogar para generaciones enteras de periodistas, estudiantes y académicos. Tu legado permanecerá en cada edición, en cada charla y en cada amistad que nació gracias a ese espacio que ayudaste a construir. 

Arnoldo Delgadillo  

Universidad de Colima

El buen amigo José Luis, de la Gaceta UdeG  

La cuestión es cómo empezar. Cómo conocí a José Luis o cuándo nos volvimos amigos, cuándo lo admiré por su compromiso gacetero pleno o cuándo pude compartir con él una pizza y una velada entrañable. 

Coincidimos como jurados, en San Luis, en un improvisado concurso de portadas que terminó con una callejoneada y la alegría de la tuna. Esa noche me pareció muy formal, un poco tímido quizá, pero muy pronto descubrimos nuestra común pasión por las gacetas, por nuestras universidades, por el trabajo bien hecho que no se hace de otra manera más que al pie del cañón, frente a la computadora y el celular en momentos fuera del horario de trabajo. 

Eso pienso de él: que era un apasionado de su quehacer periodístico, de la universidad pública, de su labor al frente de una publicación a la que cuidó en todas sus transformaciones, de lo impreso a lo digital, de lo local a una red nacional consolidada. 

Recuerdo las charlas de sobremesa en los encuentros y en la FIL, las reuniones improvisadas sobre esa red (esta red) que nos unió como proyecto y sueño mucho más allá de los compromisos y las obligaciones cotidianas. Muchas veces parecía estar pensando en otra cosa (en la siguiente edición de su Gaceta, seguro) pero siempre tenía una sonrisa y un nulo afán de protagonismo. Su Gaceta, la Red y cualquiera de los proyectos que se echaron a andar lo trascendían, lo hacían entusiasmarse, buscaba sumar personas y esfuerzos, siempre con la disposición de resolver por sí mismo lo que hiciera falta. 

Nos hicieron coincidir la radio, las gacetas, la amistad común con la querida maestra Rocío en Aguascalientes, el gusto por una buena pizza en la ciudad de México o en Morelia, la disposición a crear. 

También compartimos la preocupación por las gacetas de toda índole, el periodismo universitario, las redes amables y amenazantes, nuestra resistencia a que la política fuera por delante de los intereses y las motivaciones comunicativas de nuestras comunidades académicas. 

Al final, como siempre pasa, se quedaron en el tintero y amotinadas en la garganta las palabras que debimos compartir, compartirnos, las risas, las coincidencias, los proyectos. Me queda su amistad, y su ánimo perenne. Un abrazo hasta el siguiente encuentro, José Luis. 

Rodrigo Pardo Fernández 

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

 

Hasta siempre, José Luis 

La primera vez que coincidí con José Luis Ulloa fue en junio de 2015, en lo que fue el primer Encuentro de Gacetas Universitarias. Ese año, la universidad michoacana nos recibía para dialogar sobre la comunicación y el periodismo universitario, particularmente acerca del papel que ocupaban las gacetas y la transformación inminente que como medios universitarios debíamos implementar sí o sí.  

Mi recuerdo es vago de aquel primer encuentro, pero lo que sí era evidente porque era el ánimo que permeaba, era el entusiasmo al hablar de las gacetas y de nuestro trabajo en esas publicaciones universitarias. Yo tenía apenas tres años al frente de la Gaceta de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y, a partir de ese primer encuentro, aprendí de periodistas y comunicadores con muchos años de ventaja y experiencia en los medios universitarios. Tú fuiste, sin duda, una de esas voces experimentadas que me han inspirado a ser una mejor editora, una mejor profesionista y una universitaria comprometida con labor de la comunicación institucional y el periodismo universitario.  

Los Encuentros de Gacetas son mucho más que gaceteros reunidos y actividades programadas para actualizar conocimientos. Son encuentros de colegas con problemáticas comunes intentando buscar las mejores soluciones. Son encuentros de profesionales de la comunicación y el periodismo compartiendo experiencias y aprendiendo de los demás. Son encuentros de universitarios con una vocación y propósito definidos. Son universitarios encontrándose para impulsar trabajo colaborativo en beneficio de las instituciones de educación superior. Pero, sobre todo, son amistades encontrándose una y otra vez.  

Querido amigo José Luis: 

Es difícil escribir sobre ti y organizar estas memorias en tu nombre cuando ya no estás. Mientras leía a Aleyda, a Antonio, a Barbara, a Mario, a Pepe, a Rodrigo y a Arnoldo, brotaban las lágrimas, pero también los recuerdos: desde los Encuentros de Gacetas hasta los Encuentros de Periodismo en la FIL Guadalajara; desde junio de 2015 en Morelia, hasta noviembre de 2025 cuando nos vimos por última vez en Guadalajara.  

Estoy orgullosa de nuestra amistad y del trabajo en conjunto para esta Red, acompañarte en la coordinación también me dejó muchos aprendizajes. A ti también te debo el reencuentro con la vocación periodística, aquella que se ejerce con rigor, valentía e independencia desde el periodismo de investigación. Nos quedaron pendientes muchos proyectos, viajes y otros tantos cafés con chocolates por compartir.  

Te prometemos cuidar de esta Red que tu tanto quisiste, y continuar impulsando los proyectos colaborativos que tanto apoyaste.  

Rocío Basurto Morales  

Editora de la Gaceta Universitaria